
Como hay poca información sobre los Yukpa y otras etnias autoctonas en internet, mi hermana me convenció a publicar un breve anexo de mi tesis sobre Antropología de la Muerte:
En casi todas las culturas de la humanidad, la muerte, experiencia horrible y terrorífica, inspira la reflexión al sentido de la vida, sobre las causas que llevan a tamaña prueba y la acción apremiante que la hace inevitable. Se intenta, desde el albor de la humanidad, dar un sentido al horror y captar lo incomprensible con imágenes míticas.
“No conocemos ninguna cultura que no haya tratado de resolver el enigma de la muerte. Todas las culturas nos transmiten esencialmente la misma imagen” (Eliade, 1976, p.32).
Los Yukpas son un buen ejemplo de una sociedad tradicional que ha sostenido progresivo contacto con la modernidad, pero que sin embargo mantiene en lo posible la memoria las antiguas tradiciones de sus antepasados. Tuve la oportunidad de compartir con ellos, y profundizar en algunas de mis inquietudes sobre la muerte.
Los Yukpa son un pueblo muy amistoso y jubiloso siempre dispuesto a compartir sus perspectivas, poseen sólidos vínculos sentimentales con sus familias y el grupo, cuando la muerte llega a una comunidad yukpa, todo el grupo participa en las actividades rituales simbólicas que darán despedida.
En las sociedades tradicionales se aprecia una arraigada creencia en lo sobrenatural, en lo simbólico, y en lo religioso; Son las bases de estos conocimientos los que prevalecen sobre lo biológico, sobre lo empírico, y lo pragmáticamente utilitarista.
En primer lugar los Yukpas tienen una muy simple organización social, existe un líder de la comunidad el Yuakpo o Yuhaphi, jefe, cacique, es el líder de la comunidad y quien toma las decisiones que afectan al grupo, poseen también un segundo líder, que es el Yupadre, quien funciona como médico, curandero es el experto en hierbas llamado Tuano; Hay dos figuras adicionales, importantes para las celebraciones, fiestas y particularmente los ritos funerarios: son los cantantes o Tomaira, y aquel que dirige los cantos, el Omaire.

Cuando la muerte (Neka) alcanza una sociedad tradicional Yukpa, toda la comunidad participa, nos explicaba Aurora una de las lideres de la comunidad en Kasmera, que muchas tradiciones se han ido perdiendo y se han ido adoptando el enterramiento habitual cristiano, sin embargo antiguamente, cuando alguien moría lo primero que se hacia era construir una cesta redonda grande (Cojia) donde introducían al muerto (Ekane) en donde permanecía una semana, se hacia de palma (palmiche), y se preparaba chicha y se cocinaba (tamocha) un bollo que dura una semana en el sol, se pone duro y se utiliza para acompañar la chicha. El muerto usualmente se guindaba en un árbol, o en un lugar elevado y se colocaba un fogón debajo de la cesta, esta se prende con fuego, el humo ahuyenta a los animales, a los malos olores y seca al muerto. Es un grupo de la familia el encargado de elevar el cuerpo, el cual dura guindando o suspendido durante ocho días, después otro grupo de la familia lo descienden (tíos, familiares), cortan la cesta y visten al difunto con su misma ropa, mientras ésto sucede empieza un ritual funerario, con música y baile, además de cantos compuestos por llanto (yoreme), es en medio de los llantos y murmullos que los diferentes familiares bailan con el muerto, el cadáver seco, durante todo el día.
El ritual funerario, en forma de despedida se prolonga durante largo tiempo hasta que se acabe la chicha, cuentan los ancianos (con la ayuda de la traducción del Yuakpo y el Tuamo) que en ese momento “la gente se pone brava y herían a otras personas con flechas, luego lo llevaban debajo de las piedras, de una piedra bastante grande, donde enterraban a todos”. Luego de la disputa existe la regla que se deben saldar cuentas el mismo día, y los disputados se volvían yuku (enemigos), los familiares para no agredirse no van a visitar al muerto durante un tiempo.
El muerto era llevado hacia unas piedras, preferiblemente los atanchas (los antiguos) enterraban a sus muertos en cuevas, en el camino que se recorría para llevar al muerto todos los familiares, miembros de la comunidad dan golpes a las piedras y el suelo con los machetes y con palos, para espantar a los koruku (gusanos) (que representan explican ellos las malas energías y los pecados), cada quien con su herramienta golpea a cada montecito, a cada piedra y la gente tiene que ir gritando para que lo reciba Kumoko (Jesucristo para los Yukpas), sino le lloran la persona que no lloró y no participa muere con la boca abierta (las personas malvadas mueren con la boca abierta y los ojos abiertos porque se quiere llevar a otras personas), y se convierte en un muerto malo, este tipo de muerte con boca abierta se llama Tayaya, la maldad se lleva a la persona que no lloró, todos deben participar.

Es interesante resaltar la diferencia que existe en una sociedad tradicional donde el entierro y la tanatopraxis de los muertos es efectuada por la misma familia, donde un duelo dura 8 días, en contraste con nuestra sociedad urbana occidental moderna, donde el cuidado del muerto y su preparación es efectuada usualmente por un empleado en lo que críticos de la sociedad moderna han decidido llamar la “empresa o el negocio de la muerte”, y donde el duelo es en lo permisible lo mas breve posible, la ritualización Yukpa además de su abundante carga simbólica y espiritual, busca la participación familiar y el duelo comunitario en grupo, el desahogue simbólico de las disputas, los llantos y las peleas, podrían verse incluso como una actividad terapéutica ante la perdida de un ser querido. Podemos aprender mucho del estudio de las sociedades tradicionales, en cuanto a su comprensión de la vida para ampliar nuestro propio horizonte
Quizás por eso explica Louis Vincent Thomas en su estudio de las sociedades africanas y la muerte que:
“Para el occidente, que busca la rentabilidad y el beneficio, el mundo es objetividad, es utilizado, quizás a largo plazo condenado a la muerte. Para el hombre arcaico, el mundo es de alguna manera un alter ego, un foco de fuerzas vivas que es preciso respetar, con el cual se establecen relaciones vivientes y cotidianas, humanizadas, del orden del discurso, con el que vive en simbiosis estrecha. –revelada tanto por el acontecimiento de los elementos constitutivos del yo como por el uso ritualizado de las técnicas-, y que por lo tanto el no podría destruir sin destruirse a si mismo”. (Thomas, 1976)

La muerte para los yukpa esta repleta de estas relaciones vivientes, de significados y simbolismos, quizás aun más que el ritual funerario, es la creencia en la vida póstuma lo que define la muerte para el pueblo tradicional, para los yukpas el ritual, el viaje funerario no termina al enterrar al muerto, luego de las disputas y las peleas, pasa un tiempo de calma y la gente regresa al lugar donde descansa el difunto, lo limpian y le quitan los montes. El difunto al morir continua su viaje, dicen los yukpa:
“que la gente que muere se le presenta el agua (kuna), un rió grandísimo o un mar, si lo logra pasar, esta con Dios (Maispori o kumoku) , sino lo logra pasar es porque fue una persona malvada, es pesada y se hunde”.
Aparece además en la orilla del rió, cuando la persona se prepara a cruzarlo, un perro o un zorro, “y este le dice guíndate, y si no logra pasar, el perro le dice que fui muy malo”. Al cruzar el agua se presentan dos puertas en la otra orilla y el perro o zorro (somojo) le dice “ya llegaste” depende de las acciones de esa persona en vida será la puerta (buena o mala), explican que la gente mala se le presenta otra vía, no de agua sino de fuego, a veces representada por una paila grandísima, la maldad echa la persona a la paila, los que entran por la puerta buena los recibe Dios o Papzi Yoka (Nuestro Papá Dios).
Los Yukpa poseen numerosas supersticiones populares relacionadas a la muerte, muchas propias, muchas quizás asimiladas de otras culturas incluyendo la influencia cristiana, existe por ejemplo la prohibición de contar las estrellas (sirapta) ya que esto es premisa de muerte, señalar un arco iris te deja efectivamente tuerto o puede matarte, lo que nos explicaba en su lengua una de las ancianas de la comunidad de Kasmera, la abuelita aseguraba que una vez señaló al arco iris y se le torcieron los dedos “te desfigura el cuerpo”.
Se cuenta que antiguamente no existía el miedo a los fantasmas, que el miedo a los difuntos es algo nuevo, que vino con el contacto con los criollos (Watias), ahora se evita que los niños y las mujeres embarazadas se acerquen a los muertos para así evitar el mal de ojo, no obstante en el tiempo de los atanchas (los antiguos, los ancestros), el cadáver era visto como algo natural.
Entre los mitos mas interesantes que nos contaron relacionados a la muerte, es el miedo a un pájaro que anuncia muerte, cuando se aparece en una comunidad o sobre una casa anuncia la muerte, es el pájaro que lleva la muerte llamado Guinando, la persona tiene que decirle malas palabras, si regresa es que advierte muerte.
Guinando o Yinando es blanco como una garza y no deja de pasar hasta que halla un muerto, si la persona mata al pájaro no sucede nada. Estos animales psicopompos, mensajeros de los dioses y de la muerte, que anuncia la muerte son comunes en las sociedades amerindias, por ejemplo, en nuestra sociedad moderna sobrevivieron algunas supersticiones referentes a la aparición de las mariposas azules/negras sobre las puertas de las casas, la cual posee un origen aborigen, ya que estas eran para estos pueblos, las guías de los muertos al otro mundo, que siempre usualmente es representado como un viaje, a veces lleno de peligros y dificultades como para los Aztecas y los Mayas, o lleno de espantos de reflejos producidos por la propia mente como relatan los lamas tibetanos.
Simón P. Hernández.